Del martirio a la leyenda
>> martes, 22 de abril de 2008
Una leyenda no es más que una bonita historia que te hace pasar de ser un joven soldado romano del siglo IV, natural de la Capadocia, que murió mártir del cristianismo, a ser un santo del siglo IX que va matando dragones montado en su impoluto caballo blanco. Mucho más bonito lo segundo que lo primero, no debemos perder la pista al origen de esta leyenda (o uno de los muchos) empieza el día en el que un despistado dragón decidió hacer su nido en la fuente que proveía de agua un pueblo. Muertos de sed, los resignados ciudadanos debían apartar al dragón de la fuente para coger el agua necesaria. Y el método elegido para distraer al dragón no fue otro que sacrificar cada día a una joven virgen, a la que elegían por azar entre las muchachas del pueblo. Un día, la elegida fue la princesa. Resignada a su destino, la princesa fue voluntariamente hacia su martirio cuando San Jorge mató al dragón y la libró de su sacrificio.
La imagen corresponde con la fuente de Sant Jordi que se encuentra en el claustro de la Catedral de Barcelona. Una fuente en la que, el día de Corpus Christi, se celebra la tradición del “L'ou com balla” (“El huevo que baila”).
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La imagen corresponde con la fuente de Sant Jordi que se encuentra en el claustro de la Catedral de Barcelona. Una fuente en la que, el día de Corpus Christi, se celebra la tradición del “L'ou com balla” (“El huevo que baila”).







